17 marzo 2013

Sobre mi querido Fremont V

MARIA - Estaba borracha, sentada en un escalón. En la cumbre, observando. Estaba tiritando, retorcida y con la mirada perdida entre alcohol y humo... y allí estabas tú.

FREMONT - ¿Qué pensabas?

MARIA - En muchas cosas. No me acuerdo. Estaba borracha. Notaba las miradas de todo el mundo. Pero a la vez cada uno era independiente: reían, jugaban, gritaban, se peleaban entre ellos, otros se comían la boca... Pero había algunos que estaban callados, como yo. Miraban al infinito. Yo estaba horrorizada, Fremont. Tu mundo me asusta. Miraba a esas personas que llamaban mi atención de una forma alarmante y en sus ojos no había nada, ni el vacío. Solo una pupila opaca que vibraba al notar la droga entrando en sus cuerpos, inexistentes. Me llegaba a repugnar. La raza humana es tan ...oscura. Percepciones inútiles de gente inútil para llegar a conclusiones inútiles. Luego recuerdo que me hablaste, Fremont. Me pusiste la mano en el hombro y me preguntaste si me encontraba bien. Te respondí con una sonrisa y te alejaste de nuevo.

FREMONT - ¿Qué pensabas?

MARIA - ¿Porque no me ven? ¿Porque no me oyen? No quería estar allí... ni en ningún sitio. Nunca quiero estar en ningún sitio... Fremont, ¿tú me oyes?, ¿tú me ves? Si no fuera así, creo que me conformaría con el exilio, el exilio de mi propia existencia. ¿Me oyes?

FREMONT - Claro que te oigo, Maria. Yo estaba hablando con un amigo cuando te desmayaste.

MARIA - No me desmayé. Estaba mirando a las estrellas.