Allí se acercan mis amigos, los diablos:
Entre sus manos cerveza y por desgracia,
o por fortuna, bolas de mierda, analgésicos potentes,
mezclas gloriosas de fósiles, de tristeza.
No son mis favoritos, pero sus restos son mi alimento.
Sus risas suenan en mi cabeza como las de las hienas,
sus dedos deslizan olores penetrantes, como en mis sueños,
la miel que todo lo cura, el secreto de sus putrefactas vidas.
¿Alguien te espera en casa? Entonces recordé que no tenía casa,
dos lirios en la entrada de mi cueva, ese olor de nuevo,
me mata, te encanta, me deja un sabor amargo en la boca,
un sopor en la garganta como el de mil hongos.
Vivo en un mundo donde la mentira más grande del mundo ha sido descubierta
y hemos decidido seguir creyéndola.
Sentada al lado de cuatro botellas robadas, de la misma calidad que
la boca de un humano, sucia, destilada, una lengua parece
querer conversar con la mía: 'Te quiero' dice;
'Eso no tiene sentido', respondo.
Busco mi propia victoria entre ojos y cayos.
Enhorabuena, estás perdida.
¿No encontraste lo que andabas buscando?
Solo encontré voces que no me dejaban decidirme,
querían mi carne y mis huesos, mi jugo.
Huí de vosotros para estar sola, y cuando lo estuve
huí de mi misma para no estarlo.