MARIA - Por la noche, un dedo por mi padre, un dedo por mi madre, un dedo por mi hermano, un dedo por ti, un dedo por mi. Luego lo limpio todo y vuelvo a vomitar. No me canso de pensar. ¿Sabes? hasta adentro. Me tapo hasta arriba con mis sábanas. Uno por él, uno por ella, uno por mi hermano, uno por mi, uno por ti. ¿Sabes? Me encanta vomitar, en cualquier parte. Contigo o sin ti. Si estás, me haces vomitar, por las mañanas, por las tardes, por las noches. En las horas vacías, las horas muertas. ¿Sabes? Para vomitar solo necesito uno por mi padre, uno por mi madre, otro por mi hermano, otro por ti y uno pensando en mi. ¿Qué pasa? No me mires así.
FREMONT - Maria, ¿te hago de comer o vas a vomitar?
MARIA - Hazme de comer, después lo vomitaré. Quiero que me veas mientras grito, mientras tus dedos recorren mi esófago, mientras me aprietas la laringe y me dejas sin respiración, mientras vomito, mientras me ahogo en mi misma, en mi propio flujo. Luego abrázame y dime que todo saldrá bien. ¿Quieres vomitarme en la boca?
FREMONT - En la boca y dentro de ti, yo no te haría daño, pequeña mía. Te vomitaré dentro. Te llenaré de mi y te ahogaras conmigo. Dime Maria, ¿eres feliz?
MARIA - Te quiero.
12 enero 2013
09 enero 2013
Sobre mi querido Fremont I
MARIA - No es que no me guste besarte, es que sabes a sangre. Cada beso que me das sabe a sangre y cada beso que te doy yo... me sabe a la sangre que escupes cuando te lavas los dientes.
FREMONT - ¿Me hago un porro?
MARIA - Me haces daño cada vez que me miras, pero si no me miras puedo ser capaz de arrancarme los cabellos y las uñas, porque no puedo esperarte. Si por mi fuera, te habría quitado las orejas y me hubiera hecho unos pendientes con ellas...
FREMONT - Pásame el tabaco...
MARIA - Siempre hablas de ti mismo y de lo enfermo que estás. Yo solo pido tus besos salpicados de sangre. Me repites mil veces y veces y veces lo enfermo que estás, pero yo solo quiero tus besos de sangre. No es que no me guste besarte, es que sabes a sangre.
FREMONT - ¿Tú tienes mi mechero?
MARIA - Tus dientes están amarillos. Separados y quebradizos, adorables. Entre ellos, restos de carne negra. Me encanta cuando te sangran las encías. Me encanta porque veo lo podrido que estás por dentro, y veo como intentas ocultarlo. Estás enfermo y me encanta, me encanta ver como disimulas... me encanta saber que a mi no me engañas.
FREMONT - Toma.
MARIA - Me da igual. Yo por dentro soy peor que tú. Por eso me gustas tanto. Eres tan normal. No es que no me guste besarte.... es que sabes a sangre.
FREMONT - Buenas noches, cariño. (Le da un beso en la frente y se tapa con las mantas).
FREMONT - ¿Me hago un porro?
MARIA - Me haces daño cada vez que me miras, pero si no me miras puedo ser capaz de arrancarme los cabellos y las uñas, porque no puedo esperarte. Si por mi fuera, te habría quitado las orejas y me hubiera hecho unos pendientes con ellas...
FREMONT - Pásame el tabaco...
MARIA - Siempre hablas de ti mismo y de lo enfermo que estás. Yo solo pido tus besos salpicados de sangre. Me repites mil veces y veces y veces lo enfermo que estás, pero yo solo quiero tus besos de sangre. No es que no me guste besarte, es que sabes a sangre.
FREMONT - ¿Tú tienes mi mechero?
MARIA - Tus dientes están amarillos. Separados y quebradizos, adorables. Entre ellos, restos de carne negra. Me encanta cuando te sangran las encías. Me encanta porque veo lo podrido que estás por dentro, y veo como intentas ocultarlo. Estás enfermo y me encanta, me encanta ver como disimulas... me encanta saber que a mi no me engañas.
FREMONT - Toma.
MARIA - Me da igual. Yo por dentro soy peor que tú. Por eso me gustas tanto. Eres tan normal. No es que no me guste besarte.... es que sabes a sangre.
FREMONT - Buenas noches, cariño. (Le da un beso en la frente y se tapa con las mantas).
Suscribirse a:
Entradas (Atom)