12 enero 2013

Sobre mi querido Fremont II

MARIA - Por la noche, un dedo por mi padre, un dedo por mi madre, un dedo por mi hermano, un dedo por ti, un dedo por mi. Luego lo limpio todo y vuelvo a vomitar. No me canso de pensar. ¿Sabes? hasta adentro. Me tapo hasta arriba con mis sábanas. Uno por él, uno por ella, uno por mi hermano, uno por mi, uno por ti. ¿Sabes? Me encanta vomitar, en cualquier parte. Contigo o sin ti. Si estás, me haces vomitar, por las mañanas, por las tardes, por las noches. En las horas vacías, las horas muertas. ¿Sabes? Para vomitar solo necesito uno por mi padre, uno por mi madre, otro por mi hermano, otro por ti y uno pensando en mi. ¿Qué pasa? No me mires así.

FREMONT - Maria, ¿te hago de comer o vas a vomitar?

MARIA - Hazme de comer, después lo vomitaré. Quiero que me veas mientras grito, mientras tus dedos recorren mi esófago, mientras me aprietas la laringe y me dejas sin respiración, mientras vomito, mientras me ahogo en mi misma, en mi propio flujo. Luego abrázame y dime que todo saldrá bien. ¿Quieres vomitarme en la boca?

FREMONT - En la boca y dentro de ti, yo no te haría daño, pequeña mía. Te vomitaré dentro. Te llenaré de mi y te ahogaras conmigo. Dime Maria, ¿eres feliz?

MARIA - Te quiero.

No hay comentarios: