Me cuento los lunares que tengo en el cuerpo, me miro los pies y cuento las ampollas que se me formaron hace días y me dolieron, me cuento el número de cicatrices en las manos y de golpes en las piernas, me voy contando los pelos que se me caen de la cabeza y las pestañas que se me resbalan por las mejillas, me voy contando las lágrimas que se me han caído al suelo y también me cuento las arruguitas que me han salido a medida que he sonreído...
También puedo ir contando las cosas que se me han perdido, las que he encontrado, las que sé donde están pero no quiero buscar, las calles que he olvidado, las calles que acabo de pisar, los charcos que he evitado porque mis zapatos tenían agujeros o los charcos que he querido pisar porque estaba protegida...
Flores que he arrancado para dártelas, agua que he cogido para poder pintar, pájaros que han sido pésimos modelos o esos ojitos que me has puesto, no he podido evitarlo. Hojas de cuadernos que he llenado con mil dibujos, esos que me encanta mirar por la noche cuando vuelvo al pueblo y esos textos que escribía, que, aunque no es que sea una gran escritora, me permitían desahogarme con el mundo, ya que a veces no te aguanto ni un pelo...
Miles de canciones que conozco inconscientemente, cientos que conozco y unas poquitas que hacen que mi corazón se llene de algo que no sé que es... pero es precioso. Como mirar a un niño pequeño y que te sonría, como beberte una coca-cola cuando tienes sed, como llegar justo a tiempo a cualquier lado...
Ese amor que me dais, esos piropos que hacen que sin querer tengas que sonreír por mucho que los nieges, esos fallos que hacen que hagas un mundo de ello siendo, en realidad, nada de qué preocuparse, esa nicotina que entra y vas notando como tu cuerpo se relaja... esa sensación de unos dedos por la espalda, mordiendo lunares.
Y todas estas cosas son, verdaderamente, incontables.
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