Pero no siempre es así. cuando sale la luna redondita y amarilla, ese único día del mes, él cambia totalmente. Sale de mi armario, y si estoy dormida, me despierta pellizcándome las mejillas. Me quita las sábanas, se mete en mi cama y salta hasta que me despierto. Me da un beso en la frente y me dice '¡Dame la mano!' y no paramos de bailar al rededor de mi cuarto, que va llenándose de luces, y por donde la belleza empieza a fluir. Además, la luna baja a vernos y nos canta canciones mientras rodamos por el suelo, y reímos... y nos abrazamos. Así hasta que se hace de día...
¿A qué no sabéis que hago durante el día?
Solo espero la hora en la que vuelva a salir la luna para volver a verlo...
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